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“Jamás leí a Onetti”, pero lo haré

// Raymundo Rodríguez

 

 

Uruguay, España, 2010. Más que una cinta biográfica, el director Pablo Dotta nos propone un acercamiento al narrador uruguayo Juan Carlos Onetti (1909-1994) desde, cuando menos, tres frentes. En el ámbito del documental “clásico”, conocemos la intimidad, las ocurrencias y algunas anécdotas  que involucran al autor a través de entrevistas con su viuda, colegas (incluido su compatriota Eduardo Galeano) y periodistas que nos revelan al hombre hosco y ermitaño, al artista renuente al reconocimiento literario, a “leerse a sí mismo” (de ahí el título del documental).

 

En un segundo nivel, el filme nos presenta constantemente la reconstrucción que un dibujante pretende hacer de Santa María, pueblo ficticio ―a la manera del Macondo de García Márquez o el Yoknapatawpha de Faulkner― donde tienen lugar los acontecimientos de sus novelas El astillero (1961) y Juntacadáveres (1964), entre varias otras pertenecientes a la “saga de Santa María”. Queriendo llevar a cabo un proyecto abandonado por el mismo Onetti en vida (de lo cual nos enteramos al inicio del documental, al echar un ojo a sus manuscritos), acompañamos al dibujante mientras traza las plazas, las calles, los muelles… todo con el fin de llevar a nuestros ojos una posible Santa María cercana a la “realidad”.

 

Finalmente, el lente de la cámara se enfoca en el músico Fernando Cabrera, comandado para componer la música del documental. En varios momentos en que tenemos acceso a su proceso creativo, este personaje manifiesta las dificultades que encuentra realizando dicho trabajo, ensayando varias ideas sin llegar a concretar alguna. El resultado: una pieza bastante desangelada que escuchamos cuando los créditos aparecen en la pantalla.

 

En mi opinión, es precisamente en esta dispersión de perspectivas que el documental se vuelve interesante. Evadiendo (como dije antes) los cánones de las obras biográficas, el filme nos invita a adentrarnos en el misterio de Onetti a través de la lectura de sus obras; ni el boceto de Santa María, ni los relatos sobre el ser humano, ni las interpretaciones musicales son capaces de introducirnos a ese mundo salvaje, estremecedor que el narrador uruguayo crea con la palabra. Si bien Onetti rehusaba “leerse”, nosotros debemos tomar la palabra del Premio Cervantes 1980 para hacer precisamente lo contrario.

 

 

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