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La Cama de Piedra

//Talía García

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¿Y qué tal que te conviertes de pronto en uno de los 242,754 presos que hay actualmente en el país? ¿Cómo serían tus días en  la cárcel? El sobre cupo, las reglas establecidas, las jerarquías, los códigos desconocidos. ¿Dónde dormirías? ¿Cómo podrías hacer hogar ahí dentro? ¿Cuándo harías el amor? ¿Con quién?

 

Lunes y martes de marzo se presentarán funciones de La Cama de Piedra, una obra episódica que nos invita a pensar en cómo se hace la vida en un centro penitenciario, cómo se dosifica el amor dentro de una celda cada quince días; a imaginar la intimidad de un preso y hasta, quizá, sentir que no estamos tan lejos de alguna vez estar adentro. La Cama de Piedra es una obra que te invita a ver las posibles historias que surgen en la celda de visitas conyugales: ése momento en que se reúne el que está adentro con el que está afuera.

 

El espacio que acoge esta obra es LABtrece, un foro independiente comandado por el dramaturgo Alfonso Cárcamo, el cual nace apenas en julio de 2012 y cuya  esencia es bastante clara: 1) aquí el espectador es primero, luego viene el arte, y 2) el teatro es negocio libre y, por eso, no se admiten subvenciones públicas.

 

LABtrece no cuenta con la infraestructura de un teatro convencional y hace todo por influir a las compañías que se acercan a ellos para que, con pocos recursos,  realicen un “creativo” montaje. La oferta de LABtrece radica en la experiencia, en la estancia de quien los visita.

 

Un elevador antiguo y un piso de duela te dan la bienvenida. Las bebidas en el lobby son la señal que aquí es para pasarlo bien, casi como entrar al departamento de un amigo, un muy buen amigo que te recibe con cervezas, tequila o mezcal, refresco, hielos, café y té con sus debidos accesorios; todo incluido en el costo del boleto, el cual es personalizado y por reservación. Puedes fumar, platicar, conectarte a internet e incluso, al finalizar la función —si te place—, charlar con los actores, directores o escritores de la obra. Quizá es por ello que LABtrece no quiere subvenciones públicas que le reduzcan posibilidades y le apuesta a la estancia, a generar comunidad y que ésta lo sustente, sin solemnidades.

 

Y, efectivamente, dicho ambiente sienta bien para obras cuyo contenido te puede poner un tanto cachondo, triste, o frustrado. El sexo explícito en La Cama de Piedra es el “gancho morboso” que te presenta a un “delincuente” un poco más persona.

 

El sexo vende, pero también nos comunica; entonces, desde cuatro paredes y con la carne a flor de piel, se nos presenta, por ejemplo, a un adolescente sicario que negocia la mujer de otro para simplemente tener una novia a la cual ver cada quince días; o el clásico de la vida real de “una mujer que estuvo en el momento incorrecto y con la persona equivocada” y que —además— es extranjera y salió en Televisa. Violaciones, traiciones, desesperación, odio, espera, amor; sobre todo eso, amor. Personajes más allá del bien y del mal que, sin poder contenerlo, explotan al máximo los pocos minutos que tienen de intimidad, incluso espacial y de la que somos partícipes.

 

La riqueza de los textos le pertenece a El Inquilino Guionista, un guionista egresado del CCC que se ocupa en su blog y perfil de Facebook de levantarles el ánimo a su muy polémico estilo a los maltratados guionistas de la industria audiovisual hispanohablante. Sus personajes muestran algo del bagaje del escritor aspañol y —probablemente— también algo de su vocación: retratar condenados a los que invariablemente ponemos en el Topus Uranus de la sociedad mexicana porque nos resultan muy lejanos o porque no los queremos ver. A través de seis episodios y ocho monólogos, logramos aterrizar a esos entes en su más apasionada intimidad.

 

El montaje y dirección están a cargo de Itzel Enciso, una joven y talentosa directora proveniente de Colegio de Literatura Dramática y Teatro de la UNAM, como casi todo su equipo. Enciso opta por seguir las historias desde la interpretación de cuatro actores que dan vida a La Cama de Piedra, un reto si se considera que el guión original proviene del lenguaje cinematográfico —específicamente, una mini serie— y que, para su adaptación teatral, se tuvieron que hacer varios ejercicios de comprobación de los tiempos elípticos.

 

Si bien se cuenta con pocos elementos escenográficos, los mínimos que el teatro permite, se tienen algunas referencias al lenguaje audiovisual. Se apuesta atinadamente a esta simpleza porque, a la hora del teatro, en un espacio pequeño donde estamos tan cerca de los actores, las pieles, la respiración y el ritmo son los ejes conductores de este recorrido voyeurista.

 

Cabe señalar que el título de esta obra es en honor a la canción “La Cama de Piedra” de Cuco Sánchez, quizá porque en su letra se describe al que se sabe condenado y que, sin embargo —como algunos de nosotros entenderemos—, sólo pide amor aunque no sepa cómo dar el suyo.

 

 

 

Esta es una invitación a ver y conocer las propuestas de la gente que hace teatro más allá de las instituciones que respaldan “lo de siempre, a los de siempre y con lo de siempre”. Seguramente también tendrán sus irresueltos, pero estar fuera de la convención, refresca[i]. Para mayores informes:

 

Funciones: todos los miércoles de mayo

Horario:  20:30 hrs

Duración: 90min

CENTRO CULTURAL CARRETERA 45

Juan Lucas Lassaga 122, Col. Obrera

 

https://www.facebook.com/events/1443170439262528/


[i]
            [i] Muchas gracias por las entrevistas concedidas para esta reseña: Alfonso Cárcamo, Director Artístico de LABtrece; Itzel Encizo, Actriz y Directora de La Cama de Piedra; y al Inquilino Guionista, autor.

 

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