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Casa vecina: el mismo espacio, pero tal vez otro lugar / entrevista

//Registromx/Daniela Lieja Q.

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Casa Vecina cumple 10 años de vida en la calle de Regina en ese Centro ahora bien conocido Histórico. Helena Braunstajn, quien coordina este espacio desde hace algunos meses y quien ha participado en varios proyectos con esta institución (Lugar Cero), nos comparte una reflexión sobre las implicaciones del arte desde las propias prácticas que se están llevando a cabo en este recinto y no sólo desde las ideas individuales. Casa Vecina, un lugar cargado de historias y críticas que hoy nos habla desde otro momento y el mismo espacio, pero tal vez otro lugar.

 

Registromx: Casa Vecina tiene 10 años de existencia y ha pasado por distintas facetas en el medio cultural. Sin ánimos de hacer comparaciones con otros momentos, ¿cómo concibes Casa Vecina en la actualidad como directora (coordinadora)? y ¿qué aspectos de la historia de Casa vecina siguen haciendo eco en esta etapa?

 

Helena Braunstajn: Efectivamente, este año Casa Vecina cumple 10 años de trabajo muy intenso y diverso que, como bien dices, ha abarcado distintos enfoques, vertientes y matices del arte contemporáneo. Cada etapa ha representado una serie de aportaciones muy específicas (me extendería demasiado si trato de enumerarlas), que en su conjunto han  participado activamente en la construcción de la identidad del espacio.

 

Actualmente, Casa Vecina sigue con su propuesta de producir, promover y difundir los procesos creativos a distintos niveles; la particularidad del momento actual está dada por el equipo de trabajo que se integra en cada proceso y por el público con el que se interactúa, dialoga, trabaja. Es decir, el punto de importancia está desplazado del autor como individuo y su obra artística, al grupo, colectivo o comunidad, que son obviamente tres conceptos distintos y que justo tratamos de atenderlos en su diversidad, diferencia y/o contradicción. También seguimos tratando de conservar el espacio de experimentación, de disolución de fronteras entre disciplinas y, obviamente, de intercambio de ideas; esto último puede sonar una frase hecha ya bastante gastada, pero no lo es tanto, si se le añade la posibilidad de llevar a cabo los proceso alternativos o experimentales en aras de concreción de esas ideas.

 

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R: Casa Vecina está ubicado en el ombligo de la ciudad, en el renovado Centro, ahora identificado como Centro Histórico. La calle de Regina ha pasado de calle vehicular a calle a peatonal a corredor cultural a corredor de comida y bares. Un sube y baja constante de modificaciones tanto urbanas, como sociales, donde aún persiste algo de lo que fue antes de que se reinventara. ¿Cómo se relaciona Casa Vecina con todas estas transformaciones, qué la incluye dentro de la historia de esta calle?

 

HB: Me gusta la idea del ombligo, sobre todo si lo pienso como la marca palpable de un inicio, ya sabes, en el sentido meramente fisiológico; sin embargo, no sé si este “renovado Centro”, como le llamas, sea precisamente un ombligo de lo histórico; más bien, es el resultado típico y ya cotidiano de los procesos capitalistas globalizados que convierten no solamente la historia sino hasta nuestro respirar en mercancía. Me gusta esta calle peatonal y no la cambiaría por nada, porque la vivo y la disfruto verdaderamente; pero este gozo ya nunca deja de entrar en tensión con los cambios.

 

Los capitales dictan una velocidad abrumadora y necesitan rápidas inversiones y re-inversiones (de ahí nuestros ritmos vertiginosos y no por una especie de hiperactividad metabólica crónica) y es otro ingrediente de la realidad actual que no puedo dejar a un lado. Pero aún así, no hay nostalgia posible, porque el pasado a veces también ha sido terrible; no hay una única historia, porque el mercado necesita la variedad de productos; sin embargo, dentro de todo, sí hay memoria.

 

Es en este “ombligo” donde se ubican ahora las creatividades de Casa: la cicatriz que da cuenta, es la marca, el testimonio, la memoria particular, subjetiva, comunitaria que dialoga con el presente. Por lo mismo, no es un trabajo con el pasado, sino con el momento actual que tiene sus rastros. Otro punto de importancia es la segunda palabra del nombre: “vecina”, que más que nada, subraya la proximidad con el otro y la urgencia de seguir creando entornos hechos de vínculos afectivos, que a pesar de su frágil naturaleza, parecen más perdurables que trazas urbanas y la “intercambiabilidad” de usos de sus espacios.

 

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R: ¿Cómo se construyó y organizó los nuevos programas de este año?

 

HB: Los programas de este año se diseñaron a partir de todo lo que te cuento arriba. Básicamente son tres líneas generales que abarcan diversas actividades. Se han conservado muchos elementos anteriores que son ya parte indispensable de Casa Vecina. Como por ejemplo, el programa de MicrourbanismoCH a cargo de Christian del Castillo; es un plan de trabajo con el contexto urbano, arquitectónico y social a una micro escala, que atiende las problemáticas puntuales en la configuración de entornos citadinos. También conservamos la tendencia de Casa Vecina de vincular el Centro Histórico con otras latitudes. En este sentido tenemos el programa curatorial de Residencia Cultural que corre a cargo de Valeria Caballero. La selección de propuestas parte de una convocatoria anual a diferentes agentes culturales, artistas, investigadores, etcétera, tanto mexicanos como extranjeros, quienes proponen proyectos a desarrollarse en conjunto con alguna comunidad del Centro Histórico. Y la tercera línea de trabajo es el programa curatorial Mociones: seminarios de producción artística que coordina Aisa Serrano. Es un formato mixto, teórico y práctico, dirigido a los más jóvenes, a los que comienzan su carrera.

 

R: ¿Por qué son pertinentes las residencias culturales (hubo un cambio de nombre entre artísticas y culturales o me lo inventé)?

 

HB: Puedo buscar la pertinencia en diferentes niveles. Primero, pensamos que los trabajos artísticos desde hace mucho tiempo rebasan las fronteras de lo que se ha considerado tradicionalmente como el terreno del arte. El artista investiga, entrevista, motiva y opera procesos; a su vez, los investigadores diversos también hacen películas, dibujos, escriben; y para no olvidar, el público se involucra, interactúa, hace posible que la obra suceda. Las fronteras entre disciplinas y actores en los procesos culturales son difusas y porosas y esta situación nos gusta mucho. Esta posibilidad de “contaminación” con otros lenguajes, metodologías y horizontes nos emociona, nos hace aprender y nos obliga a salir de zonas de confort. Fortalecer una identidad, sea artística, nacional, de género, individual o la que sea, a partir de lo idéntico ─uno con uno mismo o con lo semejante─ es una falacia más soberbia que se ha inventado. No hay identidad sin alteridad.

 

En otro orden de ideas, me gustaría contar una anécdota del proceso de trabajo que se realizó con las bordadoras y las tejedoras de la calle Regina. Desde MicrourbanismoCH se emprendió una iniciativa de hacer en conjunto con estas mujeres una mesa de trabajo para que puedan realizar más a gusto sus actividades en el espacio público. A partir de este proceso, ellas se enteraron de que en Casa Vecina se hace “arte” y propusieron exponer sus bordados dentro de las instalaciones de Casa, porque ellas hacen arte de bordar y tejer. Nos enseñaron el “punto yugoslavo” o el “punto de fuego” y su exposición de delicadas geometrías o flores estridentes fue la que más llamó la atención últimamente. Qué es el arte y quiénes son los artistas es lo que me encanta conversar.

 

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R: ¿De qué se quiere distanciar Casa Vecina en términos de la escena del arte contemporáneo y de los múltiples espacios culturales. Y a qué se quieren acercar?

 

HB: En términos estrictos no hay una intención de distanciamiento, porque tampoco puedo delimitar con claridad la escena del arte como tal. Las modas y las tendencias dictadas, básicamente, por el mercado del arte y otras instituciones artísticas, es lo que no podemos atender, porque el foco está en otro lado. Tampoco nos podemos regir por las imposiciones temáticas de los afamados de la “escena”, porque el énfasis no está en los temas y sus múltiples variaciones, sino en los procesos, que muchas veces, generan contenidos o resultados imprevistos.

 

Trabajamos siempre como un equipo curatorial por un lado y por el otro, con las comunidades, grupos y diversos sectores de la sociedad, que nos dictan o moldean las acciones, las cuales no siempre son visibles para el resto del mundo. Si esto nos puede acercar o alejar de la escena, las configuraciones planetarias lo dirán.

 

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