Búnker

Los ingrávidos. Intervención quirúrgica entre imagen y sonido

//Itzel Cisneros

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Nosotros estamos aquí para intervenir, para sacudir conciencias

y de alguna manera revertir estas enfermedades.

 

 

La diferencia entre un hombre y un animal es que éste no puede fingir que finge: si el hombre lo sigue, el animal no puede borrar su huella. El hombre sí, así consigue su poder sobre la bestia. La política también. La política oficial basa su poder en saber ocultar.

 

La bestia y el soberano encarnan, según Derrida, dos agentes de lo político más allá de las leyes: la primera desconoce el derecho y la segunda tiene el poder de suspender éste. Esta relación binaria expresa una estructura de dominación. El colectivo Los ingrávidos, a través de su trabajo, pone en crisis a los personajes que se han relacionado habitualmente con estas figuras: ¿por qué la bestia siempre está categorizada como algo que se debe silenciar y civilizar?

 

Desde el videoarte estos artistas reclaman la politización de las experiencias, la animalidad de la cooperación ciudadana o de la construcción de subjetividades disidentes.

 

 

Los Ingrávidos proponen otros modos de expresar y apropiarse de la libertad y la emancipación como procesos de redistribución de la soberanía. Cuestionamiento y profanación son los ejes del colectivo para crear invenciones disidentes.

 

La industria del entretenimiento se plantea como el soberano. Si el soberano actúa como bestia, ¿no sería mejor dar espacio a ésas las bestias alternas? El video se convierte entonces en tecnología de producción de alteridad y resistencia: “El esteticismo fascista busca ‘el equilibrio’, ‘la coherencia’, ‘las tradiciones’ y la falsa cooperación de los pueblos, con la única finalidad de neutralizar, homegeneizar y despolitizar toda manifestación y expresión artística”.

 

Contra esta homogenización mediante una sobreestetización de los medios masivos que demuestra sólo el clasismo y racismo que sigue imperando, este colectivo –a partir de la disociación del la imagen y el sonido– se apropia de la multiplicidad de estéticas y medios de expresión vinculados a la memoria y la sociedad. La cámara nos permite una nueva relación con la realidad.

 

“TRANSFORMAR EL ARTE / TRANSFORMAR LA VIDA COTIDIANA”, dijo Mario Santiago, una de las influencias de estos tres videoartistas. La belleza no debe estar construida antes que la obra. Esto más la completa descomposición de los sentidos cinematográficos que le deben a Jonas Mekas hacen del Colectivo Los Ingrávidos una propuesta de cine en resistencia.

 

 

 

La intervención “quirúrgica” que se hace entre imagen y sonido en forma de deconstrucción de planos es el método que plantean para desplazar las categorías habituales de dominación. Los nuevos vasos comunicantes que construyen a partir de este método crean nuevas formas de ver el mundo que intentan revertir este ojo enfermo: “estamos hablando de un ojo enfermo a causa de las imágenes que Televisa promueve, imágenes que son vistas por la mayoría de los mexicanos, la enfermedad es trasmitida en la forma en que dan noticias, la forma en que narran historias, la forma en que describen el acontecimiento y ahora la forma en que tratan de incluir a los indígenas, a las minorías, la forma en que tratan de crear identidad, esto es brutal.”

 

Este ojo enfermo está acostumbrado a “una belleza distorsionada a través de la ultranitidez, de las imágenes pseudoépicas, melodramáticas y reduccionistas que mediante el exceso de color, de la falsa poesía y la manipulación discursiva conducen a una parálisis perceptiva”. Esta sobre estetización provoca una distorsión de la experiencia. Todo debe ser bello, incluso la política, porque si no es bello, no se puede controlar: es bestial.

 

Autollamados terroristas culturales, Los Ingrávidos, que habitan la web como plataforma política y artística, llevan poco más de dos años interviniendo la expresión y la experiencia a partir del videoarte, cuestionando siempre el discurso soberano de la política. Estas bestias, además, tienen la ventaja de ser seres ingrávidos, siempre presentes, pero difíciles de atrapar. Ellos hacen desaparecer todo el adorno para aparecer el conflicto y la contradicción. Ellos y su arte no saben fingir, pero ahí radica su poder.

 

 

 

http://losingravidos.com/

 

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1 comment

  1. Victor Hugo Ballester 18 November, 2015 at 22:05 Reply

    Quizá queda aclarar algo muy importante: no es lo mismo deconstruir que destruir. Destruir la narrativa dominante, soberana, no implica inclinarse por la bestialidad, lo amorfo, lo no bello, en una estética o varias. Sí en cambio, implica retirarse de la máquina binaria desde lo más próximo e íntimo de lo soberano. ¿Cómo logran esto los ingrávidos, desde qué proximidad?

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