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Pachuca: caminar la memoria, entre las ruinas del sentido común

//David Ordaz Bulos

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“Cuando la gente se enamora de su espacio, interactúa con él y las demás personas que lo habitan, se genera un sentido común, de comunidad, se generan movimientos basados en la consciencia de las necesidades del otro: se abren los espacios”.

Participante

 

Reactivo. Luego de saber que la Cantina Las Águilas catalogada como patrimonio histórico por el INAH había sido destruida, decidí sacar a la luz este texto que desde hace varios meses permanecía estancado. A mi juicio, estos hechos son una muestra del valor que la ciudad otorga a su patrimonio histórico, que desde hace décadas sigue la lógica charra y predatoria de los abyectos gobiernos locales, los mismos que relegaron a un basurero y sustituyeron por bancas de plástico, a las antiguas bancas del Parque Hidalgo.

 

Gris. El patrimonio histórico de la ciudad (o lo que queda de él), podría ser la base de dónde partir para construir nuevos sentidos históricos y de convivencia entre los habitantes, sin embargo, en los últimos años nos encontramos con vanos intentos para edificar nuevos símbolos de la ciudad;  aberraciones tales como “La Victoria del Viento”: una costosa escultura de estilo charro ubicada a la entrada de la ciudad, torpemente basada en un cuento de Hans Christian Anderson (un  completo desperdicio, el despojo de las  la raíces culturales de la región, desechos que nos dejan  en la nada), sinónimo de la asfixia cotidiana y el gris estancamiento político, y por lo tanto, cultural, social y económico que están convirtiendo a la ciudad en un gran no lugar dónde el espacio público se vuelve cada vez más abstracto.

 

Parafernalias. Ahora, habrá que ver qué tanto los nuevos intentos de darle un rostro cultural a la ciudad, como las costosas esculturas del escultor Sebastián ubicadas en diferentes puntos de la ciudad o el mural del cerro de Cubitos, sirven para detonar nuevos sentidos de convivencia social o son parte de toda esa cínica parafernalia hueca y postiza que ha invadido la ciudad dándole por completo la espalda a la ciudadanía (véase el nuevo patio del Reloj Monumental por ejemplo).

 

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Derivas. En agosto del 2015 hicimos un ejercicio de deriva por en el Centro Histórico de la ciudad. Deriva entendida desde la teoría Situacionista de Guy Debord, como una técnica de paso ininterrumpido por diferentes ambientes urbanos, donde hay que dejarse llevar por el terreno y el azar entre flujos, barreras, puntos fijos y remolinos, en contacto con los focos de posibilidad y de significado. Donde lo más fructífero es derivar en grupos pequeños, compartiendo un mismo estado de conciencia por al menos un día para explorar el territorio y perderse en él.

 

Dislocar el control. El primer objetivo fue detonar un acto con el propósito de dislocar una cartografía de la violencia dentro de la ciudad, en la cual nos habíamos involucrado meses antes. Esta acción consistía en hacer un mapa digital —alimentado por información de fuentes abiertas e información de campo— sobre las zonas más violentas de Pachuca. Sin embargo, tiempo después nos dimos cuenta de la lógica de control y rendimiento que seguía el proyecto.

 

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Premisas del taller. Una vez integrado el grupo con aproximadamente 15 participantes originarios de diferentes lugares, en una sala de la Fundación Herrera Cabañas. La primera premisa fue transgredir espacios privados a través del contacto con el otro para incidir en el espacio y apropiarse de él. Después, nos dividimos en subgrupos, cada uno hizo un par de recorridos durante una hora cada uno, estos recorridos abarcaron puntos como la Mina de San Juan Pachuca, la calle de Guerrero, los mercados Barreteros, 1ero de Mayo, Miguel Hidalgo y Benito Juárez, la Plaza Juárez, los barrios del Atorón, Españita y El Arbolito. Luego de los recorridos volvimos a encontrarnos para conversar y sacar algunas conclusiones. A continuación reproducimos algunos fragmentos de dichas conversaciones.

 

Arqueología del sentido común: retazos de la memoria. La conversación grupal

 

Miedo al otro. “El miedo al otro como normalidad y la limitación de los espacios a través de la arquitectura con barreras físicas y sociales, es una constante de la ciudad. Somos una sociedad direccionada, el Tuzabús [sic, por Tuzobús] es un claro ejemplo de la creación de políticas que rompen con la estructura de la ciudad metidas con calzador”.  Vale decir que la siguiente semana del taller, fue inaugurado dicho sistema de transporte, el cuál atraviesa la ciudad de norte a sur y efectivamente, ha trastocado por completo la movilidad generando graves efectos de tráfico vehicular. Su planificación y funcionamiento sigue siendo un tema polémico, que sin ir muy lejos, es reflejo de un contexto político de aberrante corrupción y estancamiento político.

 

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Espacios secuestrados. “Los espacios son secuestrados, sólo hay que poner atención en la arquitectura que predomina en Pachuca a consecuencia de su crecimiento geográfico; la construcción de fraccionamientos de interés social es la más común. Estancias mal planeadas que carecen de un punto de reunión donde los habitantes puedan interactuar y generar un sentido de pertenencia, de comunidad”.

 

Identidades fragmentadas y plurales. A pesar de la poca visibilidad que tiene, Pachuca es un punto de encuentro entre diversas culturas indígenas, “es una mixtura de  colores, sabores y olores que nunca han sido valorados”; sin embargo, vivimos en un “espacio fragmentado con una identidad fragmentada, consecuencia del choque entre la pluriculturalidad y el pseudo-desarrollo que actualmente es percibido como problemática social, una sociedad que le da la espalda a sus raíces y se entrega a la vorágine del consumo y el mal gusto”.

 

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¿Los pachuqueños son fríos o calientes?  Cuando una de las participantes en el mercado Miguel Hidalgo le preguntó a un vendedor de tacos: “¿por qué dicen que los pachuqueños son fríos?”, el taquero le respondió con singular picardía: “si los pachuqueños somos bien calientes”, haciendo al mismo tiempo un movimiento corporal que evocaba a un acto sexual.

 

Caminar para tomar la ciudad. Sumar la intención con la movilidad genera una “introspección en el andar de los pasos, una consciencia de tus movimientos; este encuentro nos ha llevado a reflexionar sobre cómo nos posicionamos en nuestra realidad y de qué manera transformamos nuestro entorno. Éste tiene que ser un ejercicio cronológico para propiciar el acercamiento a través de ejercicios vivenciales desde la infancia, para abrir la posibilidad de incurrir en el espacio ejerciendo el derecho a la ciudad, caminar para tomar la ciudad, salir de la cotidianeidad y la rutina”.

 

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Derivar. “Deriva es atreverse a salir para reconocer el espacio como propio, acaparar el conocimiento del territorio por medio de la interacción y recolectar pedazos de la memoria a través de discursos, recuerdos, historias, a través del lenguaje mudo de los cuerpos y las actitudes”.

 

Recuperar el encuentro con el otro. Finalmente este taller sirvió para abrir un punto de encuentro, se trató de un ejercicio micropolítico desde los poderes que nos atraviesan y que desde la contemplación compartida transforma la interacción con la gente y el espacio para erradicar el pánico colectivo que da la inseguridad, las aberrantes políticas públicas, la inercia social y el estancamiento político. Nuevamente, el propósito se sitúa en explorar desde lo micro y en medio de la catástrofe, la construcción de nuevos sentidos que conectan a los diferentes habitantes de la ciudad.

 

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David Ordaz

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