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La Real Academia Española y el mito de la lengua madre

//Ximena Martínez R

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La Real Academia Española dio a conocer hace unas semanas su nueva campaña publicitaria (“Lengua madre sólo hay una”) en la cual, expresamente, le declara la guerra a los anglicismos. A pesar de que en su Diccionario panhispánico de dudas el tratamiento a los extranjerismos es, por mucho, más flexible, la más reciente postura se adapta a los formatos informativos para las masas: se muestra simplificada y sensacionalista. Bajo el enunciado de que “el inglés está invadiendo la publicidad por dentro y por fuera, todo porque nos han hecho creer que suena mejor que el español”, la Real Academia se burla de los hablantes por comprarse el estatus que el inglés, supuestamente, les confiere. En su mayoría, la recepción de estas campañas publicitarias se resumen en gestos de sumisión, miradas al suelo, en personas que, con risas, aceptan que han sido “malos” hablantes, que han sido pretenciosos; o bien, en el apuntar con el dedo a quienes lo han hecho.

 

Palabras como: casting, light, eco-friendly, branding o input aparecen como muestra de lo ridículos que nos vemos ante nosotros mismos, ante los demás, ante nuestra lengua madre y, finalmente, ante nuestra nación. Hay que empezar a pensar, creo yo, en el hecho de que la genuina “invasión” del inglés parte de la publicidad, según la RAE, cosa que es verdad, pero habrá que reparar entonces en qué será lo realmente invasivo, ¿el inglés en sí mismo o la publicidad y sus formas?

 

Nos han hecho pensar que el inglés suena mejor que el español, una verdad a medias. Una frase que cuenta parcialmente la historia y que se dirige, silenciosamente, al complejo de inferioridad del “conquistado”. Y no es necesario concentrarse en la historia política particular de los países hispanohablantes pues los conceptos de nación y patria yacen arraigados en el imaginario, por lo menos, occidental. La lengua ha sido siempre y será una de las más poderosas armas de conquista, porque la lengua es, en sí, cosmovisión; es, en sí, la aprehensión individual de uno mismo y de lo demás. Es fácil obtener una respuesta de resignación, de culpa, al evidenciar al individuo conquistado que se ha dejado “cegar” por otra lengua, por otra nación que ni siquiera conoce; entre líneas: que no ha abrazado su hispanidad, noción que lo identifica ante el resto del mundo.

 

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Entonces, la campaña de publicidad de la RAE ya no es tan inocente como podría parecer. Por una parte, estimula el concepto de “nación madre” (y hablemos de lengua como nación), de patriotismo (lingüístico) y, con ese fin, aleja la atención sobre, probablemente, el verdadero problema de invasión, común a las sociedades modernas capitalistas: la publicidad. El hecho de que el inglés invada la publicidad y de que Estados Unidos sea la primera potencia mundial están, obviamente, relacionados. Según la RAE, junto con la Fundéu (Fudación del español urgente) existen anglicismos innecesarios fácilmente reemplazables por palabras en español, es decir, no aportan ningún concepto nuevo al lenguaje; por necio que parezca, las palabras en inglés sí aportan un matiz diferente y ese matiz es que están en inglés. El inglés se ha vuelto sinónimo de estar “conectado”, de ser parte del proceso de globalización y, también, de ser una parte activa de un sistema económico efectivo: no nos han hecho pensar, solamente, que el inglés es mejor que el español, nos han hecho pensar que el proyecto económico, político y cultural gringo es superior y, si lo adoptamos, también nosotros lo seremos. Dejando de lado el contacto cultural de los países latinoamericanos con Norteamérica, el inglés es inevitablemente onmipresente por la naturaleza del mercado.

 

La idea vana de que sólo se necesita la voluntad del individuo para usar su lengua correctamente es suficiente para enaltecerse a él y a su comunidad lingüística (que, parece, es el español ibérico o peninsular) trae consigo la aceptación de sistemas de publicidad violentos: es, una vez más, hacerlo pensar que, en primer lugar: él es dueño de la lengua (sin hacerlo pensar que él es lengua); en segundo, y como consecuencia: la lengua es el problema, y no el sistema que la utiliza; y, en tercer lugar: la identidad y autonomía del individuo recaen en el uso normativo de su lengua, avalado por una institución como la Real Academia Española y no en la experimentación de ella.

 

Limpia, fija y da esplendor: misión y visión centenarias de la RAE, expresan muy bien el ideal político-lingüístico que encierra la institución. El español, a pesar de que la Real Academia nos quiera hacer pensar lo contrario, sí está siendo mutilado e invadido pero no por otras lenguas, sino por una institución que, muchas veces, no considera su diversidad y la fosiliza: la lengua, lo diré una vez más, es un arma de conquista. En cambio, las víctimas de la mutilación existen, pero no es la lengua como ente puro y sí el pensamiento individual y colectivo que se han reducido a las exigencias económicas: personas que estamos dispuestas a la sobreestimulación publicitaria mientras esté en nuestro idioma, personas que estamos dispuestas a comprar la idea de identidad hispánica, libre, propia, “correcta” sin reparar en que es otro producto comercial.

 

 

 

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1 comment

  1. Humberto KF 24 June, 2016 at 02:36 Reply

    Esta reflexión me hace pensar en varias cosas. La principal es que, afortunadamente, nosotros como hablantes de español de México (generalizando -me disculpo por no resaltar las características de cada región, sustrato, etc.), del año 2016, tenemos la capacidad de distanciarnos y no caer en patriotismos patrioteros. O lo que es lo mismo, de darnos cuenta de que esa "madre" que nos "dio" su lengua, no es más que el sueño de una señora amargada (RAE), la cual pretende seguir entrometiéndose en el matrimonio de sus hijos adultos, y de la cual se huye, cuando invita al desayuno dominical. Sería interesante ver llegar, furiosa, a la madre de esa madre (Real Academia Latina), chancla en mano, para ponerla en su lugar. Más aún, a la abuela (Real Academia Indoeuropea), echando miradas matonas, dejando todo en silencio.

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