RAM

Cuestión de fuerza

// Adrián López
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Habrá fechas y lugares donde concentrar nuestra fuerzas

contra blancos evidentes

Habrá fechas y lugares para encontrarnos y

debatir.

No sabemos si la insurrección tendrá aires

de asalto heroico, o si será un ataque de llanto

planetario; un brutal acceso de sensibilidad después de

décadas de anestesia, de miseria, de necedad.

Nada garantiza que la opción fascista no se

prefiera a la revolución.

Nosotros haremos lo que hay que hacer.

Pensar, atacar, construir; tal es la línea

fabulosa.

Este texto es el inicio de un plan.

Hasta muy pronto.

 

Comité Invisible

Octubre de 2014.

 

Tiene unos meses que no escribo, estuve en un impasse entre el tiempo de la mirada y el tiempo de la comprensión, ¿por qué no podía escribir? Porque sentía que todo lo que escribía era repetición y eco de lo ya dicho: que esta civilización ha muerto —que es posible otra— y que soy expresión de mi época: narciso, consumista, hombre, etc.

 

En este tiempo de comprensión y de ver la serie de acontecimientos que siguieron después: Ayotzinapa, feminicidios, Daesh, precariedad laboral, Nuit Debouty y los que faltan. Me hizo preguntarme de manera profunda ¿por qué seguimos tolerando lo intolerable? ¿por qué tenemos miedo a un fin que ya ha llegado y que está aquí? Nuestra tierra es la catástrofe y la guerra.

 

¿Por qué si ya contamos con el diagnóstico de la época, la situación no cambia? ¿por qué de nuevo el PRI? Miles de interrogantes que bordean un mismo problema: la servidumbre maquínica, la dependencia a un poder soberano, ¿por qué los fascistas sí se organizan y logran sus objetivos?

 

De entre todo lo que se requiere a nivel singular y colectivo para conformar otro tipo de lazo social, otros mundos posibles, existe el problema de la fuerza.

 

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Podemos tener bien claro el diagnóstico, los pasos a seguir, el programa, pero existen dos elementos faltantes: fuerza y organización. Uno de los problemas del porqué permanecemos en ese impasse o callejón sin salida es porque nos cuesta reconocernos en una posición de fuerza y organizarnos como grupo o colectivo. El problema de por qué el PRI nunca se ha ido y de por qué ninguna “alternancia” ha podido con este mal, es porque la organización de los grupos sometidos es precaria, nos reunimos, hay asambleas, pero hay pocas acciones con fuerza.

 

Esta reflexión parte de un proceso singular, de darme cuenta de cómo he estado sometido a personas, a sustancias, a organizaciones, a  gobiernos, a ciertos cuerpos, etc.

 

Un buen día me confrontaron con la siguiente construcción: “Adrián, termine de reconocerse en una posición de fuerza, por un lado usted escribe sobre cómo romper con las cuerdas que nos maniatan y por otro usted permanece servil, sin dejar escuchar su voz con fuerza”. Estoy hablando de una práctica de sí, de un psicoanálisis ¿pero que tipo de psicoanálisis? Uno que le da acceso a los componentes políticos, sociales, raciales; no el psicoanálisis que merece la crítica de contribuir a reproducir los pilares del capital; no, señores, es un psicoanálisis vivo y que apuesta a una articulación con el campo político y colectivo.

 

Son esos momentos cuando surge un tipo de des-identificación con el amo y con los ideales y se abre la posibilidad de devenir otro. Movimientos subjetivos en los que el amo se pone a temblar. Y me di cuenta que eso que reconocí en mi singularidad es en realidad una cuestión colectiva, pues uno se parece más a su propia época que a sus padres, como dice Bloch.

 

¿Qué nos hace falta? Terminar de reconocernos en una posición de fuerza, y sabemos que fuerza implica violencia, entonces la pregunta es: ¿cómo establecer un tipo de fuerza / violencia que sea legítima y que parta desde el subalterno y ya no desde el Estado o el soberano? ¿Cómo desde abajo establecemos la fuerza? Así vemos por ejemplo al pueblo francés que entre organizaciones incipientes hoy se encuentran en una plena posición de fuerza, organizados y dispuestos a luchar. Pues hay una gran diferencia, un abismo entre una simple masa de trabajadores y una masa de trabajadores organizados.

 

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Derrida, cuando habla de la justicia, comenta que existe un concepto en la justicia norteamericana que en francés y en español no existe como tal, un vacío crucial, este concepto es el de law enforcement o “fuerza de ley”. Carecemos de fuerza de ley para establecer legítimamente nuestros derechos. Deconstruir es diferir de la identidad, es un proceso de significación que no se cierra, es el efecto de la differance, de una fuerza que rompe, que abre, es temporalidad porque difiere en retrosprectiva, espacialidad porque separa y une, eco de sentido, marcas que emanan su fuerza. Fuerza no es una sustancia o un supuesto trascendente, es una “fuerza diferencial”,  una “fuerza performativa”, de “afirmación de la firma”, pero trata sobre todo “de todas las situaciones paradójicas en las que la mayor fuerza y la mayor debilidad se intercambian extrañamente. Y esto es toda la historia” (Derrida).  Se trata de un momento de ruptura que es al mismo tiempo un acto fundante.

 

La última vez que decidí asumir una posición de fuerza fue precisamente para afirmar la vida y sacudirme los fantasmas de la debilidad: hace poco mi amada y yo no podíamos lograr un embarazo contundente, íbamos a recurrir al discurso de la ciencia: “ciencia, ayúdanos a tener la fuerza que no tenemos”, en ese momento me cuestioné que no estoy manco y soy fértil y fuerte: ¿cómo no vamos a poder? Un buen día, por un movimiento subjetivo de los dos —colectivo—, y por un acto amoroso memorable, diferimos y hoy soy padre de un hermoso hijo al que lo principal que quiero transmitirle es esto: hijo no te dejes someter, lucha y nunca dejes que ningún amo te envenene el alma o permitas que disminuya tu potencia de ser, incluso si ese amo es tu padre, organízate con tus amigos y deseen lo imposible.

 

Y eso es lo que este rodeo trata de transmitir: es una sensibilidad cuando justo hoy sólo se habla de muerte y catástrofe, la posibilidad de afirmar la vida no se agota, la potencia del deseo no puede ser reducida al sufrimiento, reconozcamos el fin de esta formación social; gritemos que estamos hartos de esta forma de vivir y compongamos la fuerza.

 

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Adrián López

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