Búnker

“Hoy también fue un día soleado”: La repetición del error en la historia de México

//Fernanda Ramos

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La decepción, la inconformidad, alzar la voz y gritar en una manifestación, desahogándonos hacia los políticos que tienen el control del país; se ha vuelto parte del cotidiano mexicano. Al final parece que, pese a ello, nuestro día transcurre en una monotonía donde el cambio no existe. Sin embargo, si nos trasladamos a una fecha pasada, los movimientos del 68, y específicamente los eventos del 2 de octubre en México, lograron un impacto social  que sigue resonando actualmente en el desconcierto de la gente que al unísono claman: “¡2 de octubre no se olvida!” en las caravanas que salen desde diferentes puntos del país y que se aglomeran en el Ángel de la Independencia, el Monumento a la Revolución, la Plaza de la Tres Culturas; para concluir en el Zócalo de la Ciudad de México, como lugar donde se concentra simbólicamente el poder político del país.

 

Al visitar la Sala de Arte Público Siqueiros, la muestra Hoy también fue un día soleado del artista español Fernando Sánchez Castillo nos presenta tres proyectos de sitio específico que evocan los hechos violentos de ya hace más de cuatro décadas. La pieza que nos recibe, Tlatelolco 68, es una reproducción de los planos a gran escala del general Marcelino García Barragán, que mapea la Plaza de las Tres Culturas, y el ordenamiento estratégico de los francotiradores, adscritos al infame Batallón Olimpia cuyas órdenes eran disparar contra civiles y uniformados para ocasionar choques entre los manifestantes. Esta obra es acompañada por un gran telar que pretende durante el periodo de exhibición, ejecutar una interpretación textil de dicho esquema. El tejido podría entenderse como una historia que esconde en su entramado microrrelatos complejizando su entendimiento, pero que son clave para entender los hechos más allá de la historia oficial.

 

Sin embargo, queda poco clara la intención que tiene Sánchez Castillo al hacer uso del telar con un indígena oaxaqueño laborando en sitio dentro del espacio de exposición. Desde una perspectiva europeizante por un lado y nacionalista por el otro, la crítica es contradictoria, ya que legitima el mito de la identidad mexicana, donde el indígena se convierte en un heredero del pasado perdido y es exotizado en su carácter “primitivo” al ser presentado como parte de una obra de arte en el museo. Se podría argumentar que la intención no es ésa, que el artesano sólo está ejecutando los planos, pero ¿por qué no presentar sólo el resultado final? ¿Por qué el discurso curatorial remarca en su texto que “en otra sala artesanos oaxaqueños” reproducen la imagen presentada a gran escala en el piso?  La persona en el telar nos traslada a las vitrinas de las grandes exposiciones universales, en las que se buscaba dar conocimiento del tipo físico y el comportamiento del “mexicano”.

 

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Fernando Sánchez Castillo, Tlatelolco, 68, 2016.

 

Si bien la exposición logra hacer una crítica al Estado Nación mexicano caracterizándolo como un gobierno despótico y opresor, al mismo tiempo lo exalta, al reafirmar los estereotipos de lo que significa ser mexicano desde la institución, por un lado, y por el otro desde los ojos con que lo mira el artista. Tlatelolco 68 resulta ser un tema que no debe ni puede olvidarse, frente a los movimientos sociales e inestabilidad política de estos últimos años, pero para hacerlo de manera acertada es necesario romper con los tabúes que giran en torno a nuestra propia identidad.

 

Antes de continuar el recorrido por la primera planta de la SAPS, subimos al segundo nivel, en donde se proyecta el video Amanecer, que recrea con la ayuda de un dron el recorrido hecho por un helicóptero durante el 2 de octubre del 68. El video nos muestra diferentes tomas de la Plaza de las Tres Culturas, desde el exterior y desde el interior del edificio Chihuahua; donde se escuchan y se ilumina con los colores de 43 bengalas lanzadas, unas veces rojas y otras verdes; así como una última blanca, en obvia relación a los colores de la bandera mexicana, y que también aluden al inicio de la violencia a manos de los militares durante la marcha estudiantil del 68. La historia parece girar en un ciclo incongruente de errores, desde el mandatario en turno en ese momento de los hechos al actual presidente de la república, que, frente a este simbólico número, que se ha convertido el 43, parece no haber una respuesta lógica sobre estos incidentes. 43 bengalas, por tanto, se convierten en una alusión a los muertos del “no se olvida” del 68 y a los muertos del “no se olvida” del 26 de septiembre del 2014.[1] Las bengalas parecieran señalar un símbolo patrio fallido; la bandera, cuya imagen es el águila devorando una serpiente, en este caso nos hace pensar en el Estado devorando a sus hijos.

 

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Amanecer, 2016.

 

Al bajar de nuevo las escaleras del recinto, en la sala del fondo nos encontramos ante la escultura monumental, Estudiante, que nos da la espalda, cuyo rostro no podemos ver a menos que transitemos la pieza. Esta obra, más que mostrarnos al héroe mirando hacía la lejanía nos deja ver a un estudiante que, como muchos, fue humillado ese día, obligándolo a bajar sus pantalones y colocarse recargado a una pared con la intención de precaver que no portara armas.  Si bien, la imagen del joven siendo cateado, al igual que la imagen de Tiananmén frente a los tanques se vuelve un ícono, al tenerla frente a frente crea empatía e indignación en el espectador, no hay un rostro que a primera vista enaltezca la importancia de un personaje heroico en particular cualquiera puede ser aquella figura de espaldas. No es un monumento sino un recordatorio a la violencia y, de nueva cuenta, a esa historia que las estructuras de poder buscan suprimir. En relación a ello, el título de la exposición hace referencia a esa frase, parte de la memoria colectiva, frecuentemente adjudicada a Jacobo Zabludovsky, quien según intentó minimizar la gran masacre del 2 de octubre abriendo su espacio informativo afirmando: “Hoy fue un día soleado”[2], pero como cita el título de una película de Jorge Fons, también fue un “Rojo amanecer”.

 

La exposición de Fernando Sánchez Castillo nos hace reflexionar sobre la incongruencia de nuestra historia nacional y la normalización de la violencia por parte del gobierno, a través de las fuerzas armadas, para frenar y oprimir movimientos de inconformidad ciudadana. Historia, microrrelatos de familias, fotos y documentos que se pierden en archivos a los que pocos tienen acceso, y que nos ayudarían a construir una narración quizá más objetiva, pero no por eso menos inquietante de los acontecimientos en los que la represión, se erige como la forma única de “diálogo” social entre el ciudadano común y un Estado fallido.

 

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Estudiante, 2016.

 

 

Fotos: cortesía de la SAPS

 

Referencias 

Gerardo, M.(2016) Hoy también fue un día soleado. Fernando Sánchez Castillo. Obtenido el 18 de julio del 2016, de http://saps-latallera.org/2016/06/14/hoy-tambien-fue-un-dia-soleado/

Gustavo, C. (2008). 2 de octubre 40 años de impunidad Tlatelolco, el infierno, Obtenido el 18 de julio del 2016, de http://www.jornada.unam.mx/2008/10/02/1.html

Gustavo, C. (2004). Halcones actuaron como francotiradores contra el Ejército el 2 de octubre de 1968 , Obtenido el 18 de julio del 2016, de http://www.jornada.unam.mx/2004/10/02/007n1pol.php?printver=1&fly

[1] Para estadísticas más exactas sobre el absurdo número de muertos en nuestro país durante estos últimos tres sexenios, ver: Alejandro, H. (2016). Los 300 mil muertos. Obtenido el 20 de julio del 2016 de http://www.eluniversal.com.mx/entrada-de-opinion/articulo/alejandro-hope/nacion/2016/02/23/los-300-mil-muertos

[2] Sobre la frase, no existe evidencia visual que confirme que Jacobo Zablodovsky utilizó esa frase para empezar el noticiero “24 horas”. Sin embargo, se ha convertido en un comentario, que evidencia cómo los medios de comunicación narran los hechos, para favorecer al poder hegemónico y autoritario de México.

 

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Fernanda Ramos

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