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“Todo lo que se mueve es cultura”: Modernidad pirateada

//Isaura Leonardo

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¿Cuál ha sido y es entonces la función del pirata? El pirata está dispuesto a navegar por el espacio exterior del capital, ya sea la deep web, ya sean los grandes océanos, ya sea lo impensable, lo imposible, el crimen y la crítica. ¿Y para que debe estar dispuesto a ello? Para deshacer la membrana del globo, presentar nuevas cartografías de pensamiento, eróticas, físicas, geográficas; para romper los cristales del palacio de cristal en el que a veces vivimos (Sloterdijk)…

Adrián López, “Piratería: espacio exterior vs espacio interior

 

La fascinación se activa sólo con entrar a la sala de exposiciones del Museo Universitario del Chopo, donde se exhibirá Modernidad pirateada hasta el 25 de septiembre. Se trata de una fascinación peculiar considerando que Jota Izquierdo (Castellón, España, 1972) ha curado una muestra colectiva que recoge arte gráfico y plástico, objetos, memorabilia y publicaciones de culturas urbanas populares que (queramos o no) son familiares para nosotros, todos quienes habitamos las calles de ésta y otras ciudades.

 

Puestos de discos piratas, rótulos de bailes sonideros, zines, vinilos, cumbia… la cumbia de fondo en la sala del museo irrumpe de por sí, pero la cosa no queda allí: la cumbia sonidera es una de las materias primas y de los sujetos de estudio de este proyecto que Jota Izquierdo ha desarrollado a partir de su análisis de las economías informales y la piratería, al que ha dedicado ya varios años (v. gr. Capitalismo amarillo).

 

Izquierdo tiene muy claro que la piratería es un fenómeno económico, cultural y social que no se comprende si no se mira como un fenómeno global bien inscrito en el contexto del capitalismo posfordista y dentro de los modos en que las clases populares buscaron colarse en ese paradigma; que distorsiona, recompone y funda relaciones sociales, dinámicas familiares y de reapropiación de bienes culturales y espacios públicos ineludible en la economía del país y en “el paisaje urbano”. Agarrado del antropólogo indio Ravi Sundaram[i] cartografía este proceso para comunicarlo al público que visite la muestra con un objetivo claro: contribuir a la no criminalización de los cientos de familias que viven de la economía informal y mostrar sus modos de hacer cultura por medio de escenas musicales periféricas como el punk y la cumbia sonidera.

 

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Rebobinar

Debo hacer una pausa. Esta fascinación de testigo es mía. Para los sonideros que colaboraron con la muestra (y los que acudieron a amenizar la inauguración) es su vida, su supervivencia, su identidad, su trabajo creativo. Para otros es parte de su consumo cultural, de su interacción con la ciudad y el arte popular. Para algunos más es un problema, es ruido, es basura. En este sentido (y en muchos otros) similar a la chicha peruana: una cultura híbrida de música y arte gráfico nacida de las migraciones internas del Perú que problematiza el mestizaje, la pobreza, la estigmatización y la economía informal.

 

Jota Izquierdo y los artistas que exponen en la muestra parecen estar muy conscientes de estos cruces de movilidad social local, consumo, producción, reapropiación y transmisión de las culturas urbanas musicales más periféricas: punk, cumbia, salsa, black metal… Y lo han sabido comunicar con precisión (sí, precisión dije) y respeto.

 

El exceso de colores y de formas, la versatilidad abigarrada de diseños, los carteles coloridos de los sonideros, el DIY característico del punk, todo junto pero sin estorbarse. No fue necesario leer paredes completas de texto teórico para entrar en el meollo de la exposición; esta muestra, a mi parecer, se explica a sí misma. Es decir, el arte sonidero o los archivos punks de la Fanzinoteca del Chopo y Metal de bronce (publicación de blackmetal) en una sala de exposiciones mezclándose sin pudor con piezas de artistas visuales, y la curaduría, diría antropológica, de Jota Izquierdo conviven contaminándose y dándose sentido.

 

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Así, la primera parte de la muestra reproduce la sensación de caminar entre los pasillos de un tianguis con cumbia sonidera de fondo, maquetas de los sonidos, pieza del Proyecto Sonidero, cortinas de discos piratas, puestos decorados con toda la parafernalia pirata y sonidera posible —como la pieza “En los mares de la piratería” de Luis Figueroa (Sonido Apokalitzin)—, carteles y estaciones de éxitos cumbiamberos. La parte dedicada a la cumbia se enfoca no solamente en la Ciudad de México, sino también en Monterrey (véase la pieza de Yasodari Sánchez) y los vínculos entre esta ciudad y Colombia.

 

Una pasarela con videos de cumbia y punk proyectados en las paredes de cada costado, pieza del propio Jota Izquierdo, conecta este tianguis sonidero con la segunda parte, que da paso al punk y el metal con instalaciones de zines y casetes de La Polla Records o el archivo de la Fanzinoteca del Chopo.

 

Destaca por su tamaño, la prolijidad de la investigación y el montaje la pieza “Desmadernos. Mapazine”, de Pablo Gaytán [http://culturasmetropolitanas.org/submetropolitanos/], una suerte de cartografía de sucesos sociopolíticos relacionados con los movimientos suburbanos y las manifestaciones músico-culturales de la “submetrópoli”, como Gaytán la llama en su libro homónimo: Desmadernos. Crónica subpunk de algunos movimientos culturales de la submetrópoli defeña. Allí mismo se exhibe una cronología de la escena punk de Jalisco, hecha por Israel Martínez, y un extracto de Nadie es inocente, de la recientemente fallecida cineasta Sarah Minter. En medio de la sala encontramos un puesto con zines y el número más reciente de Metal de bronce, publicación dedicada al black metal mexicano, de Karina Morales. Así como una muestra de los vinilos increíbles de Ser de Metepec [http://www.serdemetepecrecords.com/], como Nazi de clóset o Escocia no es un banco. Entre varias piezas más.

 

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No es que la modernidad que tanto nos prometieron no llegara a los países poscoloniales, es que uno de sus avatares es mestizo, híbrido, periférico y pirata, y a ese hijo no nos gusta reconocerlo.

 

Durante la inauguración, en el patio del museo los sonideros amenizaban la tarde con cumbia y salsa. Al micrófono uno de ellos dijo sentirse muy orgulloso de que la cumbia sonidera forme parte de esta exposición “porque al final todo lo que se mueve es cultura”. Y así es.

 

Más datos, aquí: http://www.chopo.unam.mx/exposiciones/ModernidadPirateada.html

Evento en FB: https://www.facebook.com/events/1039186466174984/

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[i]Particularmente del texto “Revisiting the Pirate Kingdom”, en Lars Eckstein y Anja Schwarz, Postcolonial Piracy. Media Distribution and Cultural Production in the Global South, Londres-Nueva York, Bloomsbury, 2014.

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Isaura Leonardo

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