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Blackstar: El fin de la sorpresa

//Raymundo Rodríguez desk_bowierayo

 

La muerte de David Bowie nos pesa —me pesa— no sólo por el tamaño de músico que perdimos hace siete meses, sino también por el cierre de una permanente expectativa a la que Don David nos mantenía sometidos. Pocos artistas pop (palabra que uso con todo respeto) logran mantener el interés de críticos y fans en cada una de las rectas, curvas y hasta volcaduras que se encuentra en su camino profesional (por no hablar de lo que llegamos a saber de su vida personal, también fascinante): ¿Aparece con vestido en la portada de The Man Who Sold the World? ¿Anuncia su retiro de la música? ¿Sale como vampiro en El Ansia? ¿Como Poncio Pilatos en La última tentación de Cristo? ¿Lanza un disco inédito después de 10 años de silencio? Con él, uno difícilmente podía anticiparse el siguiente movimiento.

 

Blackstar es el último capítulo que Bowie nos dejó, y siendo nuestro querido camaleón el rey del sobresalto, el azoro que nos causa esta obra aún no termina. El anuncio de Blackstar llegó a finales de 2015 acompañado de un primer sencillo (homónimo del álbum) y un video promocional plagado de imágenes un tanto desconcertantes. “Blackstar”, la canción, destacaba por rebasar los nueve minutos y por una letra críptica con alusiones a ISIS, según algunos. Bowie no salió a confirmar ni desmentir rumores. La fecha de lanzamiento sería 8 de enero de 2016, en coincidencia con el cumpleaños de su creador (mismo método que utilizó tres años antrás para dar a conocer The Next Day, su penúltima opus)…

 

Días antes de la fecha señalada, “Lazarus” comenzó a difundirse a través de los medios. Este segundo sencillo compartía con “Blackstar” aquella estética convulsa e inquietante tanto en lo sonoro como en la interpretación visual de su video. El tema, como bien puede notarse por el referente bíblico, alude a la muerte y la posibilidad de la resurección: “Look at me, I’m in heaven” (“mírenme, estoy en el cielo”). La pregunta entre críticos y conocedores de Bowie no dejaba de mencionarse: ¿dónde conducía esta nueva ruta áspera, tan distinta al vitalismo que The Next Day hubo trazado poco tiempo atrás?

 

 

La respuesta no llegó al conocer Blackstar como trabajo íntegro. Apenas siete canciones, todas —salvo el cierre, del cual hablaré más adelante— permeadas por una pesadez lírica e instrumental un tanto atípica en la obra de Bowie. “‘Tis a pity she was a whore” (“es una pena que fuera una puta”), repite incontables ocasiones en el segundo tema. “Where the fuck did Monday do?” (“¿dónde carajo se fue el lunes?”), itera también entre los juegos de lenguaje de “Girl Loves Me”. Músicos distintos a los colaboradores habituales de David arropaban estas canciones con baterías atronadoras, solos de saxofón cercanos al jazz experimental… Algo estaba pasando.

 

11 de enero de 2016. La familia de David Bowie da a conocer que el músico murió el día anterior (domingo, igual que Lou Reed) tras una batalla de 18 meses contra el cáncer.

 

Antes de su muerte, Blackstar era un disco “raro” de Bowie, pero después de ésta, éste se vuelve otra cosa, o mejor dicho, otras cosas. Hay quienes afirman que el título del álbum apunta a un tipo de lesión cancerosa llamada “estrella negra”. Quienes toman el álbum por ese campo semántico, leen en piezas como la ya mencionada “Lazarus” cómo David especula sobre su propio fin terrenal ante su inminencia. Existen otros momentos que parecen dan pie a la resignación. La bellísima “Dollar Days’ incluye las líneas “If I never see the English Evergreens I’m running to/ It’s nothing to me” (“no me importa si no veo los campos ingleses a los que corro”). Ante la certeza de la caída, una voz dolorosa emite un llamado tan dulce como demoledor: “Don’t believe for just one second I’m forgetting you” (“ni pienses por un segundo que voy a olvidarte”).

 

 

La desolación que se respira en “Dollar Days” se conecta en sus últimas notas con el magno, y a la vez discreto, cierre de Blackstar. Aquí Bowie vuelve a mostrarnos su enigmática sonrisa; detrás de ella, sólo David sabía qué estaba escondido. Quienes de alguna manera seguimos sus aventuras artísticas nos preguntamos tantas cosas. ¿Qué responde él? “I can’t give everything away’ (“no puedo revelarlo todo’).

 

     Seeing more and feeling less

     Saying “no,” but meaning “yes”

     That is all I ever meant

     That’s the message that I sent1

 

¿Se refiere Bowie únicamente a Blackstar o al conjunto de su obra? ¿Acaso se la pasó casi 50 años tomándonos el pelo? Me imagino a alguien haciéndole estas preguntas cara a cara a Don David, ante las cuales él probablemente sólo esbozaría aquella sonrisa con la que nos mira entretenido desde alguna estrella, desde Marte, o desde una chatarra espacial. Es una verdadera lástima que Bowie se haya ido, pero también somos afortunados de que Mr. David Jones pudiera lanzar en vida está bomba final. No puedo más que recordar las palabras de PJ Harvey en “Memphis” —tema dedicado al prematuramente fallecido Jeff Buckley—: “Oh, what a way to go!” ¡Qué manera de partir, David!

 

 

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  1. Viendo más y sintiendo menos

Diciendo ‘no”, pero queriendo decir “sí”

Es todo lo que siempre quise decir

Es el mensaje que mandé.

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